Riqueza natural: Una visión crítica de la estimación del Banco Mundial y una valuación alternativa para el caso de Uruguay

Por Henry Willebald y Silvana Sandonato (IECON-UDELAR, Uruguay)

Si bien no es objeto de esta nota ofrecer una metodología alternativa a la que propone el Banco Mundial (BM) para medir el stock de riqueza de los países de la región, sí conviene dejar planteados algunos comentarios críticos y, en la medida de lo posible, atenderlos al momento de proponer un cálculo más ajustado a la realidad que se está describiendo. Para esto último tomaremos el caso de Uruguay.

Los comentarios críticos

 Nuestros comentarios pueden clasificarse en dos tipos. Por un lado, aquellos que refieren a aspectos de orden conceptual y, por otro, a los supuestos en los que descansa la estimación.

Sobre los aspectos conceptuales, en la discusión actual sobre los recursos naturales surgen ideas encontradas. La metodología del BM parte de un concepto de capital natural que no es el que prevalece a la hora de enfocar los recursos naturales desde la perspectiva ecologista o preservacionista. En términos rigurosos, el concepto de capital natural que se está utilizando en esta estimación no refleja el uso de los recursos naturales más allá de la utilización de un horizonte temporal de vida útil del recurso, mostrando si éste se agota tras los sucesivos períodos o si se explota de manera sustentable.

Partiendo de la definición de Costanza et al. (1992), el capital natural es un stock de bienes y servicios que producen un flujo físico. El BM entiende que el capital natural es ese flujo físico que genera un ingreso económico monetariamente medido.Una de las críticas más importantes es, justamente, que el concepto de capital natural refiera a un valor monetario que refleje el precio de mercado de los bienes que se explotan. Se hace explícito que es un concepto que envuelve una lógica “de los negocios” que puede llegar a ser vista como “peligrosa” para la consideración de los recursos naturales, siendo éstos los que enmarcan todas las actividades económicas de una comunidad.

Por otro lado, cabe criticar que en la metodología planteada por el BM no otorga un tratamiento diferente de los recursos que son renovables de aquellos que no lo son. En Costanza et al. (1992) se entiende que el capital natural activo es aquel que está compuesto por los recursos naturales renovables, y que el capital inactivo es aquel compuesto por los no renovables. Los recursos naturales renovables están estrechamente ligados al concepto de sustentabilidad, dado que su uso no deriva en su agotamiento. Aquellos que no son renovables disminuyen su stock disponible en la medida en que se hace uso de ellos.

Sobre los supuestos utilizados cabe realizar algunas consideraciones. En cuanto a las áreas protegidas, su valoración se efectúa a través del costo de oportunidad de realizar actividades de índole agropecuaria en esas áreas. Resulta cuestionable el hecho de tomar como costo de oportunidad el menor retorno por hectárea entre las dedicadas a la agricultura y la ganadería. El BM reconoce que esto resulta en una valoración de las áreas protegidas por debajo de su verdadero valor. Específicamente, las áreas protegidas no deberían estar valoradas como costo de oportunidad de otras actividades debido a que se componen de ecosistemas que se considera necesario preservar sin alteraciones. El hecho que se alteren de alguna manera debería resultar en una reducción en el capital natural aunque, sin embargo, si se produce una ampliación de las hectáreas de áreas protegidas en detrimento del área dedicada a la agricultura, en el cálculo actual del BM repercutiría negativamente en el valor final del capital natural.

En cuanto al valor que proviene de las pasturas, es necesario hacer algunas puntualizaciones. Los costos utilizados para el cálculo se consideran constantes en el 55% de los ingresos brutos de la producción de cada una de las categorías que lo integran. Sería importante considerar costos de producción específicos por rubro, de manera de reflejar las rentabilidades de cada uno. De la misma forma, la tasa anual de crecimiento del producido de las praderas de 2,95% refleja el crecimiento esperado promedio para los países en vías de desarrollo. Comprendiendo las amplias diferencias que existen entre estos países es que podría recurrirse a una tasa regional para América Latina –como la proporcionada por la misma fuente de acuerdo a Rosegrant, et al. (2010)– o, mejor aún, trabajar sobre una tasa de crecimiento esperada acorde con las condiciones locales.

En lo que refiere a los recursos forestales no maderables, conviene igualmente hacer algunas apreciaciones. En países donde las áreas de bosques no son tan grandes como en otros países donde el BM realizó estudios similares, la accesibilidad supuesta del 10% no refleja la realidad, sino que puede ser sensiblemente menor.

Con respecto a la tasa de descuento, correspondería utilizar la que el gobierno elegiría para asignar los recursos entre las generaciones (se trata de una tasa de descuento social). El BM establece una tasa de 4% que, según indica, resultará baja para economías de crecimiento acelerado y alta para economías de crecimiento lento, aunque el uso de una tasa única facilita la comparación entre países que se propone.

La estimación alternativa

En este artículo se propone una estimación alternativa para el caso de Uruguay, a los efectos de chequear la sensibilidad de los resultados del Banco Mundial a las especificidades de cada país. Para el caso de Uruguay se realizan los siguientes ajustes:

-se reconoce la existencia de recursos minerales en Uruguay, incluso de clase I y II, que corresponden a la extracción de metales preciosos (oro) y de hierro.

- para el producto ganadero se considera la tasa de crecimiento promedio tendencial del valor agregado de la ganadería  en el largo plazo (1870-2011) y se le suman dos desviaciones estándar para admitir la posibilidad de que las actividades primarias hayan evidenciado un cambio estructural en la última década (que, por ejemplo, hubiera aumentado su tasa de crecimiento tendencial).

- en el cálculo de las tierras de cultivo, también se amplía la cantidad de actividades consideradas originalmente en el cálculo del BM. Básicamente, se toman en cuenta todas las producciones agrícolas del país.

-para las tasa de descuento social, se utiliza una tasa en dólares específica para Uruguay que asciende a 2,97%. Este valor es tomado del Informe final del Convenio OPP-FCEyA (UdelaR)“Fortalecimiento del Sistema Nacional de Inversión Pública. Componente: Precios de Cuenta. Sub-componente: Tasa social de descuento”.[1] Esta tasa es la que se usaría hoy para evaluar proyectos de inversión públicos en el país.

 

La estimación bajo la nueva propuesta que se presenta en el cuadro . Difiere de la que se reporta en World Bank (2011) en un 25% aproximadamente.

 

 

Cuadro 1

[1]La TDS es 7,5% en moneda nacional. La tasa con la cual se trabaja descuenta la devaluación esperada (implícita en el arbitraje de tasas) al momento de su cálculo.

 

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